Alcanzar dicho objetivo requerirá cambios de amplio alcance en los patrones de consumo de energía e intentos de ponerle un costo a la emisión de dióxido de carbono, vaticinan muchos expertos. Desde hace mucho, los activistas han enfocado gran parte de sus esfuerzos en tratar de limitar el uso del recurso básico de las empresas energéticas: los combustibles fósiles.

El papa Francisco planea expresar su opinión sobre el medio ambiente en una encíclica prevista para las próximas semanas, lo que transforma al Vaticano en uno de los focos de atención en el debate sobre el calentamiento del planeta. Exxon Mobil Corp. envió hace poco a uno de sus representantes de mayor rango y a un ejecutivo de planificación a Roma para informar al Vaticano sobre su perspectiva para los mercados de energía.

Desde hace años, varios accionistas activistas han exhortado a las compañías a limitar sus emisiones. Recientemente, algunos grandes inversionistas han tomado en consideración el calentamiento global a la hora de armar sus portafolios. La Iglesia de Inglaterra y el fondo soberano de Noruega, uno de los inversionistas institucionales más grandes del mundo, han vendido acciones de empresas puramente carboníferas.

Al mismo tiempo, algunos accionistas están presionando a estas compañías para que reduzcan su dependencia de los combustibles basados en el carbono, preocupados por el impacto financiero en un futuro de mayores regulaciones sobre el calentamiento global. Las empresas también prevén normas para limitar las emisiones, lo que encarecerían el petróleo y el gas natural y, a su vez, provocaría una caída de la demanda de estos combustibles.

Eso ha generado un cambio de actitud. Si bien en el pasado los ejecutivos podían desestimar el debate sobre el cambio climático o salir en defensa de sus empresas, ahora están planteando el asunto por su cuenta y proponiendo soluciones como la imposición de un impuesto al dióxido de carbono.

“Tenemos que dejar de ser defensivos”, dijo Patrick Pouyanné, presidente ejecutivo de la francesa Total SA, en una conferencia del sector llevada a cabo el mes pasado en Houston. “Al final, no será resuelto solamente por la diplomacia, sino por actores privados, actores económicos como nosotros”.

Total, Saudi Aramco, Eni SpA, BG PLC, Royal Dutch Shell PLC y otras grandes energéticas han formado una agrupación con el objetivo específico de aportar su voz colectiva al debate climático, y están tratando de sumar a otras multinacionales líderes de los hidrocarburos.
“El sector está involucrado de una forma que nunca he visto antes”, reconoce Rachel Kyte, directora de la división de cambio climático del Banco Mundial.

De forma similar, el “enfoque (de la industria minera) en el desarrollo sostenible ha evolucionado”, afirma Gary Goldberg, presidente ejecutivo de Newmont Mining Corp., uno de los mayores productores de oro del mundo. “Aún necesita ser abordada a nivel mundial, y se necesita hallar una solución global”, asevera.

El presidente ejecutivo de Shell, Ben van Beurden, dijo en febrero ante un grupo de ejecutivos en una conferencia sobre hidrocarburos en Londres que ya no podían mantener un “perfil bajo sobre el tema” del cambio climático en la antesala de las negociaciones, patrocinadas por la ONU en París, las cuales podrían resultar en nuevos límites a las emisiones de carbono. “Tenemos que asegurarnos de que nuestra voz sea escuchada por miembros de gobiernos, la sociedad civil y el público en general”, sostuvo.

El Vaticano es otro actor importante. En una mezcla inusualmente explícita de lo político y lo pastoral, el papa Francisco ha manifestado su deseo de que la encíclica sobre el medio ambiente salga antes de la cumbre climática para que pueda “hacer un aporte” a las deliberaciones en París.

“El minuto en que se supo que el Papa estaba trabajando en esto, tuvimos mucha gente contribuyendo”, señaló el cardenal Peter Turkson, de Ghana, quien dirige la oficina del Vaticano a cargo de redactar la encíclica. “Escuchamos a todos los que tenían algo que decir: físicos, académicos, estudiantes; personas de todo tipo, incluyendo a gente de la industria petrolera”.

La sesión informativa con Exxon tuvo lugar durante un pequeño almuerzo en privado en la residencia de un diplomático de la Embajada de EE.UU. en la Santa Sede. Un segundo representante de Exxon que trabaja en Italia asistió a la reunión, indicó la empresa, pero no había funcionarios del Vaticano presentes. La encíclica no fue específicamente tratada durante la reunión, según Exxon, que señaló que interactuar con el Vaticano no es inusual para la empresa.

Las petroleras están escuchando cada vez más a los accionistas que expresan su preocupación sobre el impacto de las regulaciones de carbono en el valor de sus activos. Su argumento es que si los gobiernos limitan las emisiones, las empresas tal vez no sean capaces de extraer todo el petróleo o metal que poseen en sus reservas.

Rex Tillerson, presidente ejecutivo y titular de la junta de Exxon, dijo en una reciente conferencia del sector que “todos concuerdan” con que incluso dentro de tres décadas, alrededor de 80% del suministro de energía del mundo provendrá de los combustibles fósiles. “Pensamos que estamos en un negocio que el mundo necesita”, dijo. “Lo que tenemos que hacer es producir de una forma que sea aceptable para el público”.


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