La biodiversidad aporta servicios ecosistémicos también en las ciudades y contribuye a mejorar la calidad de vida de la población urbana, por ejemplo las arboledas urbanas ayudan a amortiguar la temperatura, limpian el aire y contribuyen a fijar el CO2. Pero además numerosos estudios científicos han demostrado que un mayor contacto con la biodiversidad contribuye a mejorar la salud de los habitantes de las ciudades

Integrar de la conservación de la biodiversidad en la planificación y gestión de nuestras ciudades ayudará a retener en la trama urbana, al menos, una parte de las comunidades biológicas presentes en la zona, y por tanto a reducir el impacto de la expansión urbanística. Debemos tener en cuenta que la crisis global de la biodiversidad es tal, que a la lista de especies amenazadas como el águila imperial, el urogallo o la malvasía cabeciblanca, se están sumando especies comunes que tradicionalmente han convivido con el hombre en pueblos y ciudades, como está pasando con el gorrión común en el Reino Unido. Por tanto también las ciudades pueden llegar a convertirse en espacios en los que conservar especies amenazadas.

 Pero la razón que tiene más peso a la hora de justificar la conservación de la biodiversidad en las ciudades, es que en ellas vive más de la mitad de la población mundial. La mayoría de las personas que pueden influir en que la conservación de la naturaleza sea una prioridad de nuestros gobiernos viven en ciudades, en espacios dominados por el asfalto y el hormigón y cada vez más alejados de la naturaleza. Es necesario potenciar las oportunidades de “conocer para conservar”, incorporando, acondicionando y gestionando espacios para la biodiversidad en nuestras ciudades.

Fuente: www.seo.org


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